NO ES MÚSICA PARA MIS OÍDOS.  REPARTIDORES DE PUBLICIDAD.

Son las 10 de la mañana y no he podido pegar el ojo. Lo malo que tiene el turno de noche es eso, tú te acuestas y la ciudad despierta, bueno… la ciudad, el niño de arriba, su madre con los tacones, el vecino manitas del cuarto con su taladro, etc ¡es una lata!, pero lo peor de todo son las llamadas al telefonillo desde el portal, todos tus amigos saben que duermes, ¿quien puede llamar?. ¿Quién es?, contestas, nadie responde y te puedes imaginar que es uno de nuestros queridos chicos del buzoneo en Madrid.

No es que los odie, el odio incluye desprecio y un deseo de que les suceda algo malo, nada más lejos de mi intención, pero si te entran ganas de decirles un par de cositas. Después de instalar una cesta maravillosa de publicidad en el portal que nos costó 80 euros, los vecinos miramos frustrados que para lo único que se usa es como papelera ocasional por algún graciosete.

¿Qué hay detrás de esta invasión de la intimidad?¿Porque ese ansia de entrar en los portales cual soldado pretoriano en las murallas Cartaginesas? Por muchas veces que se lo expliques al muchacho,  de buenas maneras siempre, no queremos herir los sentimientos de nadie, siempre nos explican que es que les obligan a dejar la publicidad dentro del portal, ¿Por qué instalamos la cesta entonces? La contestación es un súbito encogimiento de hombros.

NO SON 007

La mayoría de gente que trabaja en este tipo de negocios, suelen ser estudiantes que necesitan sacarse unas perrillas o gente que no tiene otro tipo de trabajo y necesita estos ingresos, por lo cual tienen todo mi respeto. El problema es que esta gente no está suficientemente bien pagada para el trabajo que hace (¿Quién lo esta?), van con su carrito hasta arriba de publicidad, portal a portal, sin perderlo de vista un momento, tratan de acceder con todas las artimañas posibles a los portales, ¿para que? Para dejar un taco de panfletos publicitarios en un lugar bien visible del portal, y eso que la cesta publicitaria se ve bien desde fuera y está accesible a mayor público. En fin, es todo un trabajo de infiltración digno del gran 007, el caso es que seguro que no tienen su sueldo y mucho menos su coche molón cargado de curiosos gadgets.

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